¡Gañanes!

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Cualquiera que lea el título del post de hoy podría pensar que vamos a rememorar los buenos tiempos de la Hora Chanante (¡Chanante!) y a encumbrar al gran Ernesto Sevilla al puesto que se merece. También puede que haya por ahí algún despistado que piense que le vamos a faltar al respeto y nos suelte un “¡Eeeeh!, como mintere que me’ices algo malo, te pego una pedrá que tescalabro, ¿estamos?”. No, tampoco es para nada nuestra intención meternos con tan loable profesión, Dios me libre de usar la palabra gañán en vano (que mi padre me canearía).

De lo que se va a hablar hoy es de otra cosa completamente distinta (o bueno, quizá no tanto): ¡Gañanes!, el Juguete de Rol épico-rural.

Con está cara se ha quedado el gañán al saber el precio del juego

Con está cara se ha quedado el gañán al saber el precio del juego

Porque ¡Gañanes! es, básicamente, uno de los más originales juegos de rol con los que te puedes tropezar. Una obra de arte apretá en alguna más de 100 páginas en tamaño bolsillo, ¡y por tan sólo 3,5 leuros!. Se trata del primer juego de la colección Cliffhanger de Ludotecnia y ya se llevó un premio por allá por el 2011, ¡ahí es ná!, el premio Poliedro 2011 a la mejor narrativa.

El sistema de juego, sencillico. Se basa en el sistema Madre y consiste en lanzar 1d10 y sumarle una característica y una habilidad. Si superas la dificultad impuesta, ¡pos mu bien, zagal!, pero si fallas, ¡ándate con cuidao!

Así se resuelven las discusiones en el pueblo, a garrotazo limpio

Así se decide en el pueblo quién tiene la razón

Pero olvidémonos del sistema, porque es lo menos importante. Simplemente hay que disfrutar leyendo el manual, ¡que es pá mear y no echar gota!. Porque un juego en el que el Director de Juego es “el pregonero” y que en lugar de experiencia ganamos bellotas no se puede tomar en serio ni aunque te vaya la vida en ello. No me he podido reír más leyendo un juego de rol. Que si no fuese porque no soy mal hablado diría que me he partido la polla. Pero como no lo soy, no lo voy a decir.

En ¡Gañanes! nos toca encarnar a gente de pueblo. ¿Quién no ha soñado alguna vez con plantar gente en los huertos de Amanece que no es poco, esperar a que lleguen los americanos con su Plan Marshall, o descubrir que la ciudad no está hecha para nosotros?. En serio, ¿quién no lo ha soñado alguna vez?.

¿Qué rolero no ha soñado alguna vez con interpretar al gran Paco Martínez Soria?

¡Por fin podremos hacer de Paco!

Liarnos a pedrás y garrotazos con los del pueblo dal’lao porque nos han robao la vaquilla, encontrar las gallinas perdías del tío Manolo, hacer carreras de “trastores”, ligar con las gachises que vengan en el autocar de solteras o simplemente putear al de la capital porque apetece. Hagamos del alcalde, el cura, la ricachona, el mozo, el pastor o el tonto del pueblo (profesión minusvalorada que da grandes alegrías al resto de aldeanos) y tiremos p’alante, a ver ande nos lleva el pregonero.

Tras cerrar el libro con la primera lectura (que no la última) y tener un brainestormin de posibles aventuras, uno se pone a pensar en otras posibilidades y es cuando se pregunta… ¿para cuándo un sistema basado en “Yo hice a Roque III”?.

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