Hace unas semanas llegué un viernes por la tarde a casa después del trabajo y como no sabía qué hacer para matar el tiempo hasta la hora en la que había quedado con Miguel, Héctor, Ana y Marta me dispuse a ver alguna peliculilla de las que tenía por ahí pendientes de ver. Lo suyo es que conociéndome todos penséis que me puse a ver algún clásico de mi dvdteca de la Segunda Guerra Mundial…; pero esa tarde sorprendí a propios y a extraños y me dispuse a ver la peli de Rocky VI. La verdad es que no sé porqué me dio la pinzada de ponerme a ver esta película, pues nunca he sido demasiado seguidor de esa saga (sólo tenía vagos recuerdos de Rocky IV por el combate molón que tiene contra el puto ruso Iván Drago y la somanta de hostias que se pegan los dos).El caso es que se me cruzaron los cables, se conjuntaron los planetas o yo que sé, pero me vi Rocky VI, coñe. Al principio pensé que iba a ser un dramón sobre una vieja gloria cincuentona retirada del mundo del boxeo que no puede soportar la pérdida de su mujer y vive anclado en los buenos recuerdos de épocas pasadas (además la relación con su hijo no es todo lo buena que puede esperar un padre).








