¡FELICIDADES CAMPEONES!

No puedo empezar el post de hoy sin felicitar al mejor equipo del mundo, porque ha sido impresionante ver cómo ha habido momentos en los que mareaban al que hasta hoy era el campeón de Europa y corrían como perrillos detrás de la pelota. Quiero aprovechar este post para comentar el hecho de que mucha gente me pregunta que por qué siendo de Madrid admiro al Barça y a sus jugadores (principalmente por lo del famoso “odio” mutuo que existe entre madrileños y catalanes). Pues bien, hoy va a ser el día en el que voy a desvelar este secreto, que se trata de algo tan simple como que antes que anti-catalanista soy un arduo admirador y un apasionado del buen fútbol. Actualmente la palabra Barça es sinónimo de buen fútbol, así que por una explicación y un razonamiento tan simple me declaro abiertamente admirador del Barcelona y me alegro de sus éxitos futbolísticos, sin importarme celebrarlos y cantarlos a los cuatro vientos. No sé si habéis visto una película titulada Evasión o Victoria, que trata sobre un grupo de prisioneros aliados en un campo de concentración nazi durante la Segunda Guerra Mundial. Un oficial de ese campo (amante del fútbol) decide organizar un partido entre un equipo formado por algunos de esos prisioneros contra un equipo de alemanes. Hay una escena al final de la película, que a mí personalmente me encanta, cuando un jugador de color del equipo de los prisioneros (interpretado por O Rey Pelé), mete un impresionante gol de chilena. El caso es que ese oficial nazi que había organizado el partido, antepone su amor por el buen fútbol a las diferencias políticas, de ideales o razas, se levanta de su butaca y se pone a aplaudir como un loco ante la mirada de acojone del resto de oficiales nazis que no entienden cómo puede aplaudir a un “negro”. Aprovecho para colgaros un vídeo con esa escena de la película (que insisto que a mí particularmente me encanta), y que sirve como ejemplo de que a veces hay que dejar de lado los prejuicios y no debe importar el hecho de manifestar la admiración hacia otros, independientemente de los ideales, creencias o posibles diferencias que puedan existir.

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