JEREMIAH HARM

Ayer nuevamente tocó jornada de lectura de cosillas con las que me hice un tiempo atrás y de las que ya apenas me quedaba un vago recuerdo de cuando las leí en su día. Así que uno de los tomos a los que volví a echar un vistazo fue este titulado Jeremiah Harm, publicado por Norma editorial allá por 2007 (si no recuerdo mal). Sin duda alguna, lo que más llama la atención del mismo, echando un vistazo a la portada, es el nombre de Keith Giffen, que a muchos os sonará por ser el creador de ese personaje canalla y “tarao” llamado Lobo. Y muy en la dinámica de este mencionado tipejo tenemos al bueno de Jeremiah Harm, un anti-héroe también con muy malas pulgas y al que no hay tipo duro que le tosa.

Pero dejemos de momento un poco de lado al personaje principal y centrémonos en la historia que nos vamos a encontrar en este tomo. Básicamente se trata de un argumento que combina elementos del western clásico y la ciencia-ficción aderezado todo ello con ciertos momentos ultraviolentos.

Todo comienza cuando uno de los peores cabronazos de la galaxia (Dark Moira) consigue escapar de una prisión de alta seguridad en la que se hallaba recluido. Pero no lo hará solo, pues en su huída contará con la ayuda con otros dos personajes, a cual peor, conocidos como Ayoma (una auténtica zorra que disfruta mutilando y devorando a todo el que se cruza en su camino) y Brune S’maze (un personaje que a muchos les recordará al tipo gaseoso aquel tan “salao” de Hellboy 2, sólo que éste tiene muy malas pulgas).

Como es de suponer, cuando se juntan 3 tiparracos como estos no cabe esperar nada bueno salvo caos, muerte y destrucción total a su paso. Y es que, tal y como se explica en el tomo, no va a ser fácil detener a 3 individuos con el peculiar concepto sobre los asesinatos en masa que tienen cada uno de ellos: para Dark Moira son una disciplina artítica, para Ayoma un mero entretenimiento y a Brune S’maze le importan una mierda. Por tanto, situaciones desesperadas suponen medidas desesperadas, razón por la cual se optará por la idea de dejar en libertad a la única persona que puede detener a estos 3 enfermos, otro casi de su misma calaña llamado Jeramiah Harm, capaz de realizar lo que los demás no tienen huevos para hacer.

Es aquí donde entra en juego el concepto de western clásico al que aludía al principio de la reseña, cuando nuestro anti-héroe se pone manos a la obra en dar caza y captura a esa creme de la creme del caos y la destrucción y los va persiguendo por varios rincones de la galaxia hasta su enfrentamiento final en la Tierra, concretamente en el barrio del Bronx. Será justamente en su estancia en este lugar donde Jeremiah simpatizará con un selecto grupete de personajes secundarios de lo más variopinto que a su modo le ayudarán en su misión. Pero sin duda alguna, una de las cosas más llamativas del tomo es el hecho de cómo los tipos más duros del barrio del Bronx no son más que un puñado de niñatos que solo sirven para fregar el suelo con sus restos al lado de tanto tipo duro interestelar.

En definitiva, un cómic que recomiendo si te gustan las historias sin mayores pretensiones que las de mostrar a un puñado de tipos duros dándose de hostias casi a cada momento, aderezado con comentarios chulescos y momentos de violencia extrema. Justamente a recrudecer esa violencia excesiva contribuye el dibujo de Rael Lyra, con un estilo tan sumamente detallado y esas formas retorcidas y alargadas que le viene de perlas al toque sombrío de la obra. La pena está en que en los últimos números nos dan el cambiazo de dibujante y la cosa pierde enteros por todos lados. Pese a ello, es un cómic que se deja leer si eres dado a los tipos duros made in Keith Giffen.

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