Marvel Zombies: la bella, el pato y el robot

En mi humilde opinión creo que esto de los Marvel Zombies ya huele, y no precisamente por el aroma putrefacto de sus protagonistas. Lo que empezó como una (bastante genial) ida de olla de Mark Millar dentro de la colección de Ultimate 4F, y que tuvo una  digna continuación por parte de la dupla Kirkman/Phillips, ya muestra síntomas de alargamiento innecesario y de una exagerada sobreexplotación supina. Supongo que me sigo comprando estos tomos que siguen saliendo bajo el epígrafe de Marvel Zombies movido por un completismo radical que roza lo enfermizo, pero creo que cualquier persona coherente inmune a ese mal no se dejará camelar cada vez que sale a la venta alguno de estos tomos que recogen miniseries relacionadas con los zombies putrefactos de Marvel.

Y es que personalmente creo que este tomo que salió a la venta el mes pasado es el más flojito de todos (con diferencia). Fijaos lo poco que me ha encandilado que lo leí cuando lo compré hace varias semanas y hasta casi un mes después no me ha dado por hacer la reseña, movido principalmente por el hecho de que hoy no tengo nada mejor sobre lo que escribir.

NIGHT MARY

Hoy toca hablar sobre otra relectura de hace unos días sobre este tomo publicado por Norma editorial allá por el 2007 dentro de su línea Made in Hell, que como sabéis se trata de una línea de comics de terror en la que se publican cosillas bastante interesantes de vez en cuando). Incluso hace ya un tiempo escuché el rumor de que se está preparando una adaptación cinematográfica, lo cual no sería de extrañar, ya que el argumento se presta bastante bien para realizar  una película de las conocidas como terror adolescente.

Lo que sí es cierto es que si uno lee este tomo de Night Mary es casi inevitable que no le venga a la cabeza el recuerdo de todo un clásico del cine como fue en su día Pesadilla en Elm Street, en el sentido de que en este cómic se echará mano de la idea de que uno puede pasarlo bastante mal y sufrir lo suyo en el mundo de los sueños. El guionista encargado de desarrollar esta pesadilla onírica no es otro que Rick Remender, al que recordaréis por cosillas como Frankencastle o la nueva serie de Venom.

JEREMIAH HARM

Ayer nuevamente tocó jornada de lectura de cosillas con las que me hice un tiempo atrás y de las que ya apenas me quedaba un vago recuerdo de cuando las leí en su día. Así que uno de los tomos a los que volví a echar un vistazo fue este titulado Jeremiah Harm, publicado por Norma editorial allá por 2007 (si no recuerdo mal). Sin duda alguna, lo que más llama la atención del mismo, echando un vistazo a la portada, es el nombre de Keith Giffen, que a muchos os sonará por ser el creador de ese personaje canalla y “tarao” llamado Lobo. Y muy en la dinámica de este mencionado tipejo tenemos al bueno de Jeremiah Harm, un anti-héroe también con muy malas pulgas y al que no hay tipo duro que le tosa.

Pero dejemos de momento un poco de lado al personaje principal y centrémonos en la historia que nos vamos a encontrar en este tomo. Básicamente se trata de un argumento que combina elementos del western clásico y la ciencia-ficción aderezado todo ello con ciertos momentos ultraviolentos.